Búsqueda de Pepitas de Oro en el Desierto de Sonora

Búsqueda de Pepitas de Oro en el Desierto de Sonora

Ya de regreso en casa, envuelto en las actividades de mi trabajo y la rutina diaria, tengo todavía el agradable sabor de boca, de las sensaciones vividas en este último viaje que hice al estado de Sonora en búsqueda de pepitas de oro.
Todo empezó meses atrás, cuando pasados más de dos años que había sido mi último viaje a ese lugar, decidí que iría nuevamente en las vacaciones de semana santa de este año, solo que ahora sería diferente, ya que no viajaría en la casa rodante que tenía, - y en la que había ido varias veces - esta vez iríamos en avión, y la planeación sería diferente porque no podríamos llevar muchas cosas, apenas lo esencial.
En esta ocasión nos acompañó Héctor, un amigo del foro de buscadores de tesoros  a quien conocí personalmente el año pasado en la reunión que organizó Rubén Saucedo, otro buscador de tesoros, en la población de Ezequiel Montes en el estado de Querétaro, en ese encuentro, al comentarle que he ido en algunas ocasiones al estado de Sonora  a buscar pepitas de oro, su expresión era de una emoción, como al niño que se le muestra el juguete nuevo y tiene los ojos muy abiertos y una cara de excitación, que ya quiere jugar con el….
Oiga no me invita, ya que es mi sueño dorado buscar pepitas de oro, tengo varios detectores, y algunos años buscándolas, pero no he tenido suerte en encontrar alguna, y créame que ya he ido a varios estados y lugares.
Era tal su estado de ánimo, que le dije que no era pronto el viaje, sino hasta abril del año siguiente.
-No importa, si me invita lo planeamos y por supuesto coopero con los gastos…..
-Está bien, tenemos tiempo para programar esta salida y ya tengo los contactos para hacerlo.
-Créame que nos va a ir muy bien, porque tengo el mejor detector que hay actualmente en el mercado el Z 7000 de Minelab para la búsqueda de pepitas, y nos vamos a traer varios kilos!!!
¿¿??
Sonreí, al ver en su rostro ingenuidad, emoción, excitación  e ilusión por hacer ese tipo de búsqueda, y le comenté: pues aunque se tenga el mejor de los equipos, no es garantía ni seguro encontrar pepitas, yo solo  tengo el detector gold bug 2 de Fisher, y con el cual he tenido un poco de  suerte con las pepitas pequeñas.
-Ya tuve ese detector también y es muy bueno.
Bueno la invitación está hecha, y tenemos varios meses por delante para afinar detalles. 
El tiempo pasó rápido, se llegó la fecha, y una semana antes de nuestro viaje, todavía haciendo los arreglos necesarios, le hable a mis amistades allá en Sonora, para decirles que en unos días más, estaríamos allá dándole lata las visitas!! 
Hablé con Don José – Vaquero del rancho – una persona de más de ochenta años, pero todavía muy fuerte, que aunque no es el dueño del mismo, siempre nos ha dado hospitalidad, diciéndole que el domingo por la mañana estaría dándole un fuerte abrazo, contestándome que ya tenían todo listo y ya nos esperaban.
Al otro día miércoles me habló Martin, quien sería nuestro guía, para darme  la mala noticia que  Don José había fallecido en la madrugada a causa de un infarto, esto me impactó y entristeció, disminuyendo notoriamente mi entusiasmo por el viaje, ya que no estaría una de las personas importantes con quien convivimos, ya no sabía si ir o no, ya que ellos iban a estar ocupados con todas las cosas inherentes a la defunción de don José, que aunque no viven en el rancho, en la población donde viven distante cien kilómetros, a nuestra llegada  les preocuparía no atendernos,  finalmente hablé con uno de los hijos de don José, y me dijo que no nos preocupáramos, que todas maneras nos esperaban, y que don Octavio nos atendería como siempre.
Ya sin el gran entusiasmo que teníamos durante todos los preparativos, continuamos  los planes dejando arreglado todo lo que nos ataba a nuestras actividades, viajamos del aeropuerto de la ciudad de México a la ciudad de Hermosillo en Sonora, y Héctor  viajaba desde Guadalajara, nos encontraríamos en Hermosillo, y ahí pasó por nosotros el compañero del foro Dethector quien nos hizo favor de llevarnos a la terminal de autobuses para ir a la población de Santana distante unos 170 km, íbamos 4 personas, mi hijo Daniel, mi hermana Odi, Héctor y yo, con dos maletas cada uno más las personales, que de no haber  llevado una camioneta grande y de doble cabina, simplemente no hubiéramos cabido.
Llegamos a la estación de autobuses, y no había camión para dónde íbamos hasta en dos horas, y no era probable que hubiera asientos porque venía de Guaymas!!
Así que Héctor decidió que nos fuéramos en Taxi, para no correr riesgos.
Llegamos cerca de las nueve de la noche a esta población,  y ahí nos atendió Marcos un taxista conocido mío de hace ya muchos años, quien nos recomendó un hotel cercano, y también  a otras personas amigos de él para que nos trasladara al día siguiente a la población de Trincheras, ya que no hay servicio de autobuses a ese lugar. Cenamos, y pasamos la primera noche en esta población, y al día siguiente muy temprano fuimos a abastecernos de provisiones para  los 12 días que teníamos planeado estar de campamento en el rancho donde nos permiten prospectar.
Con estas compras, le agregamos   varias cajas más a la carga que ya llevábamos, y todavía teníamos que pasar por varios garrafones de agua en la población de trincheras, quien nos haya visto debe haber pensado que nos estábamos mudando!!!
Salimos de la población de Santana en una camioneta pick up manejando el Sr Juan Carlos  hacia el pueblo de Trincheras, distante 70 km, - quien también nos trató de manera excelente - llegamos y ya nos estaba esperando Martin, el gambusino con quien me había puesto de acuerdo para que nos transportara de esta población hacia el rancho, y seria nuestro guía hacia las áreas donde él  - en sus más de treinta años de gambusino - ya ha encontrado pepitas de decenas y de cientos de gramos!!!
Cambiamos de camioneta, y seguimos viajando en el último trecho en terracería de nuestro largo viaje, pero si había alguna incomodidad,  ni la sentía, por la emoción de hacer lo que me gusta con los modernos equipos actuales – detectores -  y buscar con ellos objetos perdidos, en este caso pepitas de oro.
Mi hermana y mi hijo se fueron en la cabina junto con Martin, Héctor y yo íbamos en la parte de atrás, rodeados de todas las maletas, no íbamos muy cómodos, pero eso no importaba, estaba una vez más en  el lugar que tanto me gusta aspirando el aire dulce y fresco del campo, con una temperatura muy agradable, levanté la cara y los cálidos rayos del sol me obligaron a cerrar los ojos, bajando el rostro iba disfrutando el camino, tratando de que hasta por los poros se me impregnara el medio ambiente, viendo las flora característica de la región, cactáceas, palo verde, mezquites, palo fierro, ocotillos, sahuaros, nopales, sibiris, algunos de ellos en floración, cambiando con ello los colores del paisaje y en esta ocasión me tocó ver a la compañía minera que ya está trabajando a un lado del camino, haciendo sus típicos montículos de arena de varios metros de alto, que supuestamente debe quitarlos para reforestar y sembrar pasto para el ganado, cosa que no realiza en su totalidad, como lo comprobé en algunas áreas a las que fuimos con Martin. 

Flora caracteristica de la región:Nopal, sahuaro, palo fierro y palo verde
Y disfrutando el paisaje, me puse muy optimista pensando en que tal vez tenía razón Héctor y podíamos tener suerte y encontrar los kilos de oro que él decía...........
Finalmente llegamos al rancho, pasando primero por la casa del vaquero que ahora estaba vacía, continuamos otros cien metros más adelante y ahí estaba la humildísima casa de don Octavio, apoyada en una de las paredes que quedó de alguna casa de esa hoy extinta población, estaba ahí como siempre, con sus laminas quemadas por el sol, con una colcha vieja y descolorida tapando una ventana, un tambor de un colchón haciendo de pared, unas plantas de nopal ya con hojas nuevas en su patio trasero, algunos tambores vacíos ya del vital líquido, con alambre de púas separaba una pequeña área para que no entraran las vacas o caballos.
Al vernos llegar, de algún lugar de atrás de la casa salió, y se encaminó a recibirnos, aunque ya sabía que íbamos a llegar ese día, siempre con su gorra,en su rostro bonachón, sonriendo ampliamente, de bigote y pelo canoso, levantó sus cejas, abrió sus ojos resaltándolos por los lentes gruesos que usa, bajito de estatura, con más de ochenta años a cuestas, con la ropa sucia por el trabajo, las botas ya peladas de tanto roce con el piso, y junto a su máquina que es su herramienta principal de trabajo, su polveadora, le di un fuerte y prolongado abrazo por el afecto de más de veinticinco años de conocernos, y simplemente nos dijo:
¡¡Bienvenidos que bueno que están aquí!!
-Don Octavio, muchas gracias por recibirnos, y en esta ocasión darnos hospedaje….
Nada tienen que agradecer, están en su casa, y acomoden sus cosas por ahí en el camión, y nos guio para la parte posterior en donde estaba una casa rodante que dejó un amigo de él y que va a prospectar de vez en cuando, la cual ya dejó abandonada, aunque todavía le da servicio por todas las comodidades que tiene útiles todavía.
Don Octavio le da  mantenimiento para seguirle sacando provecho, le colocó una lona al frente para darnos sombra, que de no haberlo hecho hubiera sido difícil convivir ahí en horas de sol.
También – como siempre – nos llevó leña para hacer las fogatas todas las noches, y cocinar con ella, todos empezamos a subir las cosas y acomodarnos con el ánimo muy arriba, por todos los días   de vacaciones que nos esperaban.
Empezamos a sacar las cosas e irlas acomodando dentro y fuera del camión, donde mi hermana colocaba todas provisiones en cajas y hieleras que nos facilitó don Octavio, quien muy servicial nos preguntaba a cada rato: ¿Qué otra cosa se les ofrece?
-¿Pues tendrá clavos don Octavio?
-Y un martillo, por favor………
En esta ocasión nos sorprendió que tenía una planta de luz, la cual puso a nuestra disposición, y la  fue a sacar de algún lugar dentro de su casa,  la colocamos muy atrás, para que cuando la encendiéramos no nos molestara el ruido, y con ella aprovechábamos todas las noches para cargar las baterías de los equipos.
Como todavía era temprano, yo sabía que Héctor estaba más que ansioso por salir a probar alguno de sus varios detectores que llevó, así que le dije que podía darse una vuelta a los lugares cercanos señalándole aquí, allá y acullá, donde se entretendría bastante, mientras que yo seguiría acomodando cosas y preparando la leña para la fogata, y descansar del viaje.
Me aceptó mi sugerencia y se fue enseguida dirigiéndose hacia la ruinosa pared  -y única - de lo que fue un cine!! Que todavía sigue en pie de todo lo que fue ese pueblo.
Don Octavio acompañándonos, trayendo sus sillas, una mesa plegable, y todo lo que le pedíamos  - y que tuviera – nos lo facilitaba.
Era un ambiente muy agradable, haciendo bromas, felicitándonos por estar ahí.
-Hoy vamos a cenar chilaquiles con queso, crema  y cebolla picada encima, dijo mi hermana
Siiiiii, contestamos mi hijo y yo.
Más tarde regresó Héctor, mostrándonos algunas reliquias (nada de valor) que había encontrado en los lugares que estuvo.
-¿Qué te pareció?
- ¡¡Fantástico, está increíble el lugar!!
-Qué bueno, mañana si vamos a buscar pepitas en los lugares que nos llevará Martin……
Ya más tarde, cenamos opíparamente, y habiendo preparado la leña para la fogata, nos fuimos alrededor de la  misma.
Al ir oscureciendo, se empezaron a ver las primeras estrellas, y un poco después salió la luna, dándonos un espectáculo maravilloso, por momentos platicábamos, y en otros todos estábamos mirando al cielo  con la boca abierta, y en varias de las noches tuvimos la suerte de  ver estrellas fugaces.
Era una delicia ver el firmamento sin el reflejo de las luces de la ciudad, apreciando en toda su magnitud el cielo estrellado, que no nos cansábamos de mirar de un lado a otro, viendo o formando figuras a nuestro gusto con la alineación de las estrellas antes de salir la luna, en una obscuridad total, observábamos con arrobación el cielo, que solo don Octavio no hacia comentarios al respecto por tener todos los días lo mismo, pero para nosotros era algo tan fuera de lo común que no hubo una noche en la que no hiciéramos lo mismo.
Más tarde, cada quien decidió irse a descansar, y yo me quedé al final para seguir un poco más en la fogata, y seguir viendo el cielo, hasta que finalmente me venció el sueño y me fui a dormir.
Al otro día temprano llegó Martín, quien tiene su campamento fijo en otra parte del rancho, y después de tomar un poco de café, subimos detectores, herramienta, agua y lunch a la camioneta, para salir a nuestra primera búsqueda.
Don Octavio ya  estaba trabajando en su polveadora y Héctor lo empezó a filmar, viendo algo tan ajeno, y la manera diferente   de encontrar oro sin detector, mostrándonos todo el proceso, y se nota la gran habilidad que tiene al hacerlo por las décadas de experiencia que ya tiene, y al final  procesó el oro que tenía toda esa tierra que era la que fue barrida de afuera de la puerta de su casa, mostrándonos, algunas partículas de oro, y tuvo la generosidad  de obsequiárselo a Héctor, quien no esperando eso, y muy  conmovido, le agradeció mucho el detalle.
Para Martín, -quien  ya estaba desesperado por salir-  no tenía interés en ver algo que es tan común para ellos, y nosotros parecía que  no teníamos prisa, estábamos disfrutando todo.

Tierra al frente de su casa que don Octavio barre y de la cual saca oro ( y en broma y en serio, se jacta que al decir que tiene oro tirado en su patio!!) notese que apenas se distingue en su puerta...



Y aqui posando para la foto:

Finalmente nos fuimos como a dos kilómetros de ahí, en un área que ya había trabajado la compañía minera y ha dejado muchos montículos de piedra y arena sin aplanar, y en los que Martin ha tenido suerte en encontrar muchas pepitas de diferentes tamaños.
Nos dividimos en dos equipos: Héctor y Martin, y por otra parte mi hijo y yo.
Ahí estuvimos todo el día, y en donde Héctor encontró una pepita de casi un gramo, yo no tuve suerte encontrar nada, ni ese día ni los dos días posteriores, solo basura metálica, y fue hasta el cuarto día, en que salió mi primer pepita – y la más grande de todas las que encontré en este  viaje-  con un peso de 2.8 gramos, y la encontré en un lugar que no pensé que ahí hubiera algo.
Sucedió que saliéndonos del área donde estaba todo el trabajo de la maquinaria de la minera, nos fuimos mi hijo y yo al inicio de una loma, subimos un poco buscando la escasa sombra de un mezquite, para ahí descansar y tomar un poco de agua, se sentó  y desde ahí teníamos una mejor vista del área, y como a cien metros en la parte baja estaban nuestros compañeros en un montículo, a un lado de nosotros vi  una pequeña excavación – y única - ya muy vieja, hecha por sabe Dios quién, y me fui a detectar ahí, dejando a mi hijo sentado descansando, encontré varios objetos como un clavo oxidado, un botón metálico  ya muy viejo, un pedacito de lámina, un alambre, y al último la marca con sonido muy suave que da el oro ( es igual al que da el plomo en  este detector), moví con el pie la tierra superficial, y no distinguía nada, pasé el detector y ahí seguía la marca, me hinco y al tratar de agarrar un poco de tierra no lo puedo creer, ahí estaba en la superficie una pepita de buen tamaño,- o al menos así me lo pareció – de forma como una hojuela de cereal, y yo diciendo:
 Aaayyyy……aayyyyyy
Mi hijo me volteó a ver, extrañado por mis exclamaciones, ¿Ya encontraste una?
Aaayyyy, aayyyyy,  ven a ver……. 
-¿Grande?
-aayyyyyy…..aaayyyyyyyy
- Se acercó, y no distinguía nada….
Señalándole con el dedo, vio la pepita encima de la tierra, la recogió y exclamó: si está grande!!
-Yo pensé que la primera iba a ser una pequeña, quizás de medio gramo por mucho, pero han de ser cerca de tres gramos!! Me comentó.
Y empecé a gritar, para que  escucharan mis compañeros: 
ORO……………. ORO……………….SOY RICO, SOY RICO…….…..ORO…….ORO!!!!!
Mi hijo solo sonreía al ver mi ocurrencia.
Al oír esto mis compañeros me gritaron: ¿grande? ¿De cuánto?
Como dos o tres gramos!!
Levantaron su pulgar en señal de felicitación.
Por supuesto que pasé y repasé el lugar por más pepitas, pero ya no salió nada en ese lugar.
Ese día fue la única pepita que encontré, pero era mayor a lo esperado, así que estaba muy contento, y como don Octavio tiene una báscula electrónica, diario pesábamos lo encontrado y sabíamos exactamente el peso encontrado en ese  día, que fue 2.8 gramos.
Cenando esa noche, por supuesto que estábamos más que contentos, disfrutando lo que nos había preparado mí hermana, y comentado como había sido el hallazgo., relatando los pormenores, y confiando que al día siguiente con suerte encontráramos más.
El viernes y sábado encontré varias pepitas muy pequeñas, y el equipo que traía Héctor, no las detectaba por ser tan pequeñas, y el equipo que yo estaba usando  fue hecho pensando en pepitas minúsculas, de un decigramo o menos, que realmente sorprende como puede encontrar algo tan pequeño.
El sábado, regresamos a un lugar que nos gustó,  y caminando en una loma sin vegetación, con apenas  unos arbustos de ocotillo muy esparcidos aquí y allá, había buscado ahí  el día anterior no encontrando absolutamente nada, era un terreno árido, donde no había trabajos antiguos, el suelo era rocoso, con piedras muy pequeñas que parecía grava, escasas hierbas superficiales  se aferraban al piso calcinado por el sol por miles de años, y pasando la antena pequeña de mi detector muy pegada al piso, recibí una débil señal,  pasé la antena adelante-atrás, y recibía un sonido apenas audible, que cuando la saqué, vino a  ser una pepita de un decigramo, al ver este resultado, le puse más atención y de manera más lenta recorrí la loma, sorprendiéndome al encontrar casi una docena de ellas, encontré  once ese día, con un peso total de 1.2 gramos, y me quedé pensando que el día anterior no había encontrado nada, pero fue porque no le puse atención, y/o pasaba el detector muy rápido, quedándome la experiencia de ser más cauto y de movimientos lentos al detectar, para que no se me pasaran estas pepitas tan pequeñas.
Poco a poco,  con mucho esfuerzo, paciencia, y alegría  iba aumentando el número de pepitas, Héctor ya había localizado en el transcurso de la semana tres pepitas con un peso de casi un gramo cada una, yo llevaba más en cantidad y peso, pero el penúltimo día encontró una pepita de más de 7 gramos, sobrepasando todo lo que yo tenía hasta ese momento, demostrando con ello, que ese detector fue hecho para pepitas ( y tesoros) profundos, ya que todas las pepitas que él encontró fueron a una profundidad mayor que las que yo encontré, las que yo reuní siempre las localicé prácticamente en la superficie, es decir a una profundidad entre uno y cinco centímetros ( la mayoría).
Ese día por la noche tuvimos una visita e invitación a cenar, ya estaba obscureciendo, mi hermana estaba preparando la cena, cuando vimos aproximarse una camioneta, llegó hasta nosotros y se bajó el vaquero del rancho contiguo.
-Bueeenas noches!!!
-¿Qué tal Leobardo Contestó don Octavio…..
Me manda mi patrón para invitarlos  a cenar
¿¿??
Me sorprendió mucho esta inesperada invitación, y de momento pensando en la rica cena que estaba preparando mi hermana, pensé en declinar la invitación, y dejarla para otro día,  pero se me hacia una grosería y descortesía de nuestra parte negarnos.
Así que aceptamos,  nos dividimos, nos fuimos en su camioneta, y en la de Martin.
El rancho estaba a un par de kilómetros, llegamos a la división y Leobardo se bajó a quitar el candado de la cerca que divide a los dos ranchos, y continuamos.
A lo lejos empecé a ver un área iluminada, a la cual cada vez nos acercábamos más, era un corral más grande que el tamaño de un campo de futbol, con unas carretas antiguas de decoración alineadas en la parte poniente, y una línea de palmeras  al frente de la casa, todo el corral estaba iluminado, y al fondo en la parte más alta del terreno estaba una construcción moderna que era la casa, más al oriente había otras construcciones, que me imagino era el granero o bodega y más al fondo las casas de los trabajadores.
Bajamos del vehículo y subimos unos escalones, todo ahí tenía amplitud, espacios grandes para todo, completamente  iluminado, una alberca ovalada, un asador bajo techo, entramos a una parte abierta de la casa y ahí estaban tres personas, y uno de ellos nos dio la bienvenida: era  el dueño del rancho.
-Pasen por favor, están en su casa!! Nos dijo.
-Pues muchas gracias por la invitación sr……. ?
Isaias Corella y nada tienen que agradecer…….
-¿Una cervecita?
-Este….si gracias
Un poco intimidados por tanta comodidad y la atención de que estábamos siendo objeto, nos sentamos y vimos que sus amigos empezaron a preparar la carne asada, y poniendo en la mesa  algunos otros platillos, a los pocos minutos nos  invadió el aroma de la carne que estaba en el asador abriéndonos más el apetito, que de por sí ya íbamos con hambre, las viandas que puasieron ante nosotros eran fabulosas, aparte de la carne asada, (famosa en todo México), puso unos chiles verdes asados, junto con otros amarillos llamados caribe pelados y en tiras, típicos de Sonora, unos espárragos con zanahoria en escabeche, tortillas de harina, y unos frijoles refritos que no he probado nada igual en toda mi vida, pregunté más información acerca de ellos, y me dijeron que les llaman frijoles de boda,  solo les dije que deberían llamarlos frijoles huérfanos, porque no tenían mamá, que estaban exquisitos,  mientras don Isaías junto con su esposa, nos platicaba algunas cosas de su rancho, que era agricultor, pero principalmente ganadero, que exportaba lo que producía a Japón, Europa y Estados Unidos, y hablaba de tantas cosas hechas y logradas, pero de manera sencilla, sin aspavientos ni vanidad, platicándolo de una manera tan simple que realmente no le envidiaba todo lo logrado, lo platicaba de una forma, que realmente me daba gusto lo bien que le había ido en la vida, gracias a su esfuerzo, y al contrario le estaba admirando su sencillez y trato, nos ofreció el rancho para quedarnos en un próximo viaje, que no teníamos que llevar nada, que podíamos prospectar y quedarnos con todo lo encontrado, y que si queríamos, iría por nosotros al aeropuerto en Hermosillo!!
Realmente nos sentimos abrumados por tanta hospitalidad, ofreciendo su casa a unos perfectos desconocidos, sobra decir que pasamos una velada agradabilísima, que realmente el tiempo voló, y al despedirnos, nos dio su dirección y teléfonos, tanto de oficina como celular, y creo que lo único que le dije – aparte de agradecerle todo – fue  que si alguna vez venía a Cuernavaca, me agradaría mucho corresponder a su hospitalidad, ofreciéndole mi casa.
Creo que todos quedamos con un agradable sabor de boca, que no creíamos lo que nos había pasado durante varios días, y aún ahora que lo estoy escribiendo recuerdo con agrado esa experiencia…. Fue simplemente fabulosa e increíble.
En los días posteriores, ya con el permiso de don Isaías, fuimos a prospectar en su rancho, y tuve suerte de encontrar cerca de tres gramos en varias pepitas de oro muy pequeñas.
Ya en los últimos días que nos restaban, conocimos también a don Carlos, dueño del rancho donde nos quedamos, y a quien nunca le había pedido permiso, todo había sido a través de don José, y no se quedó atrás en hospitalidad (sin saber absolutamente nada de que habíamos estado invitados con don Isaías)  nos atendió, muy bien, nos trajo hielo, y carne empacada para que nos la lleváramos de regreso ( varios kilos!!) y nos invitó cuando quisiéramos regresar, y que el oro que sacáramos era totalmente para nosotros!!
He tenido muchos viajes al estado de Sonora, pero en esta ocasión fue algo muy especial por la hospitalidad que recibí de su gente, El sr Juan Carlos que me recomendó mi amigo Marcos, nos dio un servicio estupendo, y nos dijo que para la próxima vez le habláramos e iba por nosotros al aeropuerto de Hermosillo, también dijo tener un amigo norteamericano que tenía un rancho cerca del área de dónde íbamos, y que estaba seguro nos podría dar hospitalidad y buscar oro también.
Nuestro guía el sr Martin, su servicio fue invaluable, Don Octavio, no se diga siempre tan servicial, amable  y hospitalario, los demás gambusinos del área, como Juanillo y mi tocayo Rafael Campos, quienes nos visitaron varias veces, Norberto el hijo de don José que nos traía garrafones de agua, y otros enceres que se nos ofrecía del pueblo, porque iba casi todos los días, en fin fue una experiencia fuera de serie, gratificante, que me llenó el corazón de paz, felicidad y bienestar.
Como epilogo de este viaje, en el último día  de nuestra estancia, nos íbamos a regresar como a las siete de la mañana, así que en el día anterior solamente íbamos a detectar como hasta las dos de la tarde, porque  después de la comida utilizaríamos el tiempo para guardar sin prisas, y tranquilos, la ropa,  los detectores, y todas las cosas que habíamos  llevado.
Hasta ese día llevábamos  diecinueve gramos de oro en total, Héctor y Martin 10 gramos y mi hijo y yo nueve, platicando que si encontraba un gramo más, iba a ser un gran empate en el gramaje de las pepitas, que no en la cantidad de las mismas, ya que ellos se habían encontrado como ocho en total, pero  de mayor peso, y yo llevaba más  pero muy pequeñas, así que ese día tenía como meta encontrarme al menos un gramo, para poder quedar empatados.
Yo quería ir nuevamente al rancho de don Isaías, ya que había tenido suerte encontrando varias pequeñas, y ellos querían ir al lugar donde se habían encontrado la de siete gramos, pero las áreas  eran lugares totalmente opuestos, yo iba hacia el oriente y ellos al noroeste, y distantes entre sí unos cuatro kilómetros, así que Martin nos llevó temprano y nos dejó a mi hermana, mi hijo, y yo en ese lugar, y ellos se fueron hacia el otro, y quedaron de regresar después de la una de la tarde, justo donde nos dejó, a un lado del camino estaba un mezquite con buena sombra, que fue donde nos quedamos y alrededor de él, había montículos pequeños de trabajos anteriores hechos por gambusinos, ahí empecé a buscar y en menos de un minuto la primer marca que me dio, me sorprendió que  haya sido una pepita, que al oír a través de los audífonos, la marca suave del oro, exclamé:
Aayyyyyyy…….Aaayyyyyyyyy, sonriendo de oreja a 
Mi hijo volteó a verme, y dijo:
-¿No me digas que es una pepita?
Hincado, y teniendo un puñado de arena en la mano, la estaba dejando caer sobre la antena del detector, continuando con mi  aayyyyyyy………..
De pronto escucho caer el pequeño objeto metálico, desecho la demás arena y con el dedo busco el objeto, y veo entre la arena la pepita que era como tres decigramos, se las muestro y festejan conmigo el pequeño hallazgo.
Tuve suerte, porque en menos de quince minutos encontré otras dos en los montículos de los lados, haciendo como medio gramo, pensando: otro medio gramo y tendré los diez gramos, aunque no sé si ellos hayan tenido suerte.
Ese último día, no me cansaba de seguir observando el medio ambiente, viendo toda la flora, maravillándome de cómo se protege a si misma – la mayoría - con tanta espina, los arboles de palo fierro en floración, miles de florecitas, se dan por racimos, no tienen olor, y parecen orquídeas en miniatura, o el palo verde con una flor amarilla, extasiándome de todo ello de pronto me sale un conejo atrás de un nopal, que se echó a correr, y como a cincuenta metros estaba una liebre, sentada en sus patas posteriores,  y las orejas erguidas viendo mis movimientos, deliberadamente me fui  acercando, haciendo movimientos de zigzag con el detector, y como a veinte metros  se echó a correr, también me encontré con una pequeñísima caparazón vacía y seca de tortuga, que quiero pensar fue pisada por una vaca o caballo, porque estaba incompleta de un lado.
El tiempo seguía avanzando,  e iba a ser hora de regresar, pero encaminé mis pasos hacia la sombra de un palo verde, que normalmente no da sombra por el escasísimo follaje, pero como estaba en floración, tenía una sombra agradable, limpié un poco el piso de ramitas y hojas, porque aunque no se ven, hay normalmente muchas espinas ( ya lo había comprobado en más de una ocasión) me recosté recargándome un poco en el tronco, y en menos de un minuto, me deje deslizar en el piso hasta quedar completamente tendido en el, entrecerrando los ojos, viendo ese sol de primavera que pasaba en algunos claros del árbol, el viento fresco apenas era un susurro, estaba disfrutando mucho, con una sensación de estar aislado de mi trabajo, del mundo y sus problemas.
Esta forma de complacencia, se ha convertido en parte de lo que hago cada vez que salgo a prospectar, o a buscar tesoros (siempre que sea en el campo)
Después de unos quince minutos, sin ganas me tuve que levantar, porque se estaba acercando la hora en que vendrían por nosotros, así que me fui en dirección del lugar donde nos dejaron,- siempre detectando- hasta llegar donde se habían quedado mi hermana y mi hijo, y esperándome  para saber si había completado el gramo.
Unos minutos después llegaron Martin y Héctor, y nos dijeron que se habían encontrado solo dos  pepitas, pero como de un gramo cada una, en total ese día encontré como nueve pepitas pequeñas, y el peso a pesar de que fueron más, fue menor pesando en total un gramo y medio, así que el peso final fue:
 Héctor 12.2 y yo 10.6, dando un total de 22.8 gramos.
En total encontré 47 pepitas, y encontrar cada una de ellas fue un verdadero placer, goce  y satisfacción, y definitivamente el detector que llevó Héctor, es muy superior en profundidad al que yo llevé, desafortunadamente no pasaron encima de alguna pepita mayor, de decenas de gramos o de cientos como ya se han encontrado algunas personas en esa área, que de haber sido así, otro hubiera sido el final en la cantidad encontrada.
Sé que para quienes no les guste este pasatiempo, puedan decir que es  mucho tiempo invertido, y todo lo que se gastó, no paga lo encontrado, lo único que les puedo decir, es que este es – al menos para mí - solo un pasatiempo, que quisiera fuera  mi modus vivendi, pero no es así, y que es muy emocionante y gratificante encontrar una pepita de oro por pequeña que sea ( por supuesto que sí es más grande, pues "mucho más mejor"!!) al igual que encontrar una moneda antigua, o alguna reliquia, y que para quienes nos gusta, nos complace oír o leer historias de hallazgos, que por pequeños que sean, nos estimulan la imaginación y nos hacen soñar, en que la siguiente vez – ahora si – vamos a encontrar el tesoro de Cuauhtémoc, o la olla llena de centenarios!!
Y esto lo comento porque me sucedió que ya en casa, les mostré muy entusiasmado mis pepitas encontradas a algunos de mis familiares y amistades que supieron de mi viaje, y un niño de ocho años, nieto de mi hermana Odi, al verlas dijo con decepción: ¿esto es todo lo que encontraron?
Pero  una amistad mayor, al mostrarle las pepitas de oro, y ver el pequeño recipiente, con una sonrisa triste, levantó la vista, me vio, regresó la mirada al contenido, me regresó la mirada nuevamente, y puede leer en su rostro: -aunque no me lo dijo-  pobre…..ojalá no empeore.
 Pero esa fue mi percepción, probablemente estoy equivocado.
Pepita de 15 gramos encontrada por Rafael Campos, con detector Minelab 7000
Nuestros equipos estrella, ya que Hector llevó otros dos detetctores, que simplemente no sirvieron para ese tipo de busqueda, pero principalmente por la alta mineralización del suelo.
 

En la gran antena del detector GPZ 7000 lucen pequeñas las pepitas, que en peso fué mayor que todas las que encontré!!
Las pepitas muy, muy pequeñas, se le desprendieron a las pepitas grandes, cuando se lavaron con agua. Ya que ese tamaño no las detecta este equipo.


Saludos a quienes terminaron de leer hasta aqui..............

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